Mujeres Solidarias, entrega sin límites
El sótano, lleno de estanterías metálicas donde profusa y ordenadamente se apilan las toneladas de alimentos dispuestas para ser repartidas todos los días en bolsas de color verde como la esperanza del futuro que estos voluntarios llevan todos los días del año a los más necesitados.
Pepe Fernández.-En 150 metros cuadrados situados en la Avda. del V Centenario trajinan de un sitio a otro, ordenando, limpiando o clasificando cosas, porque así de esa manera ellos quieren contribuir al esfuerzo de esta comunidad para que muchos sanluqueños y sanluqueñas necesitados sientan alivio, no sólo en sus corazones sino en sus bolsillos siempre vacíos a los que esta crisis, generada por la especulación y el neoliberalismo de un capitalismo que no ha puesto barrera a la ambición y el despropósito de los números que marcan la senda del “progreso” de las empresas que sustentan el sistema. Con su caída han arrastrado a los más débiles de nuestra sociedad, en Sanlúcar y en el mundo entero, porque la globalización también es capaz de extender como una mancha de aceite la pobreza por el mundo entero.
El lugar, un local comercial de la importante arteria sanluqueña, está dividido en dos plantas. La superior donde se expone el género de ropa y enseres que se vende al público. En la trastienda se apilan las bolsas con cientos de prendas e igualmente juguetes que además se envían a una asociación colombiana que ayuda a niños con SIDA. Varios voluntarios se encuentran merendando y nos cuentan su experiencia en Mujeres Solidarias, algunos llegaron por culpa del Plan Quita multas para “penar” su falta pero encontraron aquí otra razón más por la que luchar y trabajar por los que les necesitan.
El sótano, lleno de estanterías metálicas donde profusa y ordenadamente se apilan las toneladas de alimentos dispuestas para ser repartidas todos los días en bolsas de color verde, como la esperanza del futuro que estos voluntarios llevan todos los días del año a los más necesitados.
Igualmente, esparcidas por el poco suelo que queda libre entre estanterías, se acumulan las cajas de verdura fresca recién llegada y provenientes de alguna frutería, cooperativa o empresa del sector, en la que los voluntarios se afanan en clasificar e introducir los productos de la huerta sanluqueña en las mencionadas bolsas de plástico.
Mientras Manolo Gallego sigue explicándonos detalladamente los alimentos que se encuentra apilados y dispuestos para su distribución inmediata, otra compañera con extrema pulcritud limpia el polvo y arenilla de las cajas de verdura que con el trasiego de muchos pies deambulando por el lugar se extiende más allá de los límites de sus receptáculos plásticos.
Justo allí, en el sótano, en un rincón, en una pequeña “pecera” de apenas cuatro metros cuadrados adecentada con espartano y escasísimo mobiliario se encuentra la mujer que fundó y rige los destinos de esta ONG sanluqueña.
Está un poco atareada despachando con dos personas, voluntarios también de la asociación que a su vez colaboran con otra asociación arraigada en Sanlúcar como es la del pueblo saharaui.
Dori Valle, que así se llama esta mujer, tiene una sonrisa perenne, un gesto agradable, una voz plácida, serena y de monocorde tono, suficiente para evitar la innecesaria gestualización al expresar sus sentimientos.
Después de la obligada presentación, agradecemos a nuestro cicerone Manolo Gallego el tiempo perdido con nosotros recorriendo el lugar, mostrándonos como se documentan las acciones que se realizan, como se justifican, cual es la labor que realizan sus compañeros, como se realiza la distribución de alimentos, etc, etc.
Cuando empezamos la entrevista a Dori, y que Sanlúcar Digital publicará mañana, ya tenemos casi la mitad de las preguntas respondidas gracias a la labor de Manolo, que junto a Dori es otro de los importantes pilares en los que se asienta esta organización altruista de interés público.
En el transcurso de la entrevista, nuestra amiga Dori, se ha visto interpelada en varias ocasiones por sus compañeros, a los que atendió con una sonrisa y una disculpa al interlocutor que la entrevistaba.
Con un agradecimiento sin fin, Dori nos acompaña a la salida y justo allí, discretamente posicionados en un lugar poco visible al exterior, se encontraba la razón, las razones, por la que Dori realiza esta impagable labor social, una pareja muy joven que presuntamente resignados y rendidos ante la crueldad de la realidad presente, y seguramente para amparar a sus hijos, esperaban a que algún ángel surgiera de las escaleras para aliviar o solucionar sus problemas.
