Una solución de oro
Una noticia curiosa me sorprendió mientras veía el noticiero de TV del viernes. No suelen hablar mucho de investigaciones científicas. En esta ocasión era una noticia sorprendente y excepcional.
Luisa María Serrano.– ¿Lo has oído, cariño? Han descubierto un método para curar el cáncer con partículas de oro.
Sí, habéis leído bien ¡con oro! Esto sí que es un uso maravilloso de este metal precioso… Según explicaba el científico descubridor, se podrán quemar las células cancerígenas sin dañar las células sanas de la zona afectada. Y además, el oro no ataca al organismo y se elimina después fácilmente.
– ¡Qué maravilla! ¡Ojalá que el tratamiento se pueda aplicar muy pronto…! ¡Hay tantas personas enfermas que lo necesitan! – respondió.
Y estuvimos comentando ambos los pormenores de la feliz noticia (al menos a nuestro nivel básico de conocimientos médicos) durante un rato.
Pablo, nuestro hijo pequeño, estaba jugando con sus coches por el suelo del salón, al otro lado del sofá. De pronto, se acercó a nosotros, cogió la mano derecha de ambos y señalando nuestros anillos, dijo:
– Papá, mamá, ¿esto es de oro?
– Sí, hijo – contestamos los dos casi al mismo tiempo.
Nos quedamos paralizados ante su razonamiento. Y, antes de explicarle (de forma comprensible para su edad) que no era tan fácil como eso, le dijimos:
– Ven aquí, campeón.
– ¡Eres un sol!
Y, emocionados, le dimos un fuerte abrazo y un montón de besos.
