No quiero aprender más

Relatos cortos

Imagen activa“Estoy viejo y no quiero aprender más”, eso se dijo y cerró el libro que casi sostenía entre sus manos. A partir de ese momento todo se convirtió en un cerrar.

Jota Siroco.-Echó siete llaves a su biblioteca, tiró la televisión por el balcón ante el pasmo de los pocos viandantes por lo intempestivo de la hora, tres y diez de la madrugada para más detalles, pateó con la furia que le quedaba el transistor, que se había ido convirtiendo con el paso de los años en un apéndice más de su oreja derecha, y dio aviso a los carteros que no dejaran en su buzón ni una sola misiva, así: “ni una sola misiva”. Los carteros, es digno resaltarlo, se quedaron de una pieza.

De la quema, es una forma de hablar, sólo salvó algunos libros, que ya poco le iban a enseñar de tan leídos como estaban, la primera carta de su novia, la foto de un verano y un mechero por si acaso se le ocurría volver a fumar… “ya que más da”.

Por no guardar, no guardó ni la más mínima duda. Nada que le pusiera en el compromiso de aprender algo nuevo: “Estoy viejo y me he cansado de aprender”.
Tomó un café. Después, al mediodía una copa de vino. El médico podía estar tranquilo: no iba a cumplir ninguna de sus recomendaciones. Soñó.
Tras muchos años sin hacerlo miró hacia la calle… una vez más había comenzado la primavera. Lo supo por la luz, por el olor a azahar y por el abrazo de una joven pareja.
No se atrevió a cerrar la ventana. Le quedaba tanto por recordar
Comparte nuestro contenido