Sexo vivo (9)
Trans
Jota Siroco.-Ella sabía cuidar su piel, era evidente. Tersa y suave, moteada por mínimas gotas de sudor, extendía su cuerpo casi desnudo frente a mis ojos.
Sabiéndose observada, lanzaba repetidas miradas, a veces de disgusto, a veces convertidas en preguntas, otras en invitación. Ella, en fin, era joven y deseable, consciente, además, de su atractivo.
Al darse la vuelta ofreció ante los ojos del sol unas nalgas perfectas, altivas y redondas, como dos continentes huyendo del misterio.
Al darse la vuelta ofreció ante los ojos del sol unas nalgas perfectas, altivas y redondas, como dos continentes huyendo del misterio.
La playa parecía haberse quedado en silencio, al menos yo me sentía mudo frente a su hermosura. ¡Dios, esa espalda, esas piernas inacabables, ese culo insensible al calor de agosto, ese imaginable hachazo de seda…!
Me espiaba disimuladamente y sabía de mi excitación…imposible de ocultar en la desnudez.
Se dio la vuelta y, cuando creí llegado el momento del asalto definitivo, vi que en las interioridades de su tanga había crecido un más que sospechoso bulto alargado.
Me espiaba disimuladamente y sabía de mi excitación…imposible de ocultar en la desnudez.
Se dio la vuelta y, cuando creí llegado el momento del asalto definitivo, vi que en las interioridades de su tanga había crecido un más que sospechoso bulto alargado.
