Los malos olores de Sanlúcar
En los tres focos de mal olor se juntan un problema económico (las obras de infraestructura y las sustancias depuradoras son caras) y un problema político (con Aqualia hemos topado), con el consentimiento vecinal, porque al final no pasa nada que no dejemos que pase. Un pueblo que tiene en su himno el ¡andaluces, levantaos!, si no se levanta, qué quiere. Locales comerciales del centro peatonal, no he visto que ningún día señalado hayan dejado Sanlúcar sin tiendas ni bares ni cafeterías ni helaítos en protesta contra los malos olores. ¿Se imaginan, aunque solo sea un día, una plaza del Cabildo en huelga de veladores? Locales comerciales del Mazacote, de Espíritu Santo, vecinos de las Piletas, de Capuchinos, ¿cuándo la protesta? Gente que paga sus impuestos, ¿para cuándo el movimiento ciudadano? Mientras la voz de la conciencia la muevan cuatro ecologistas, tres partidos en sus promesas electorales, y el resto siga con lo bien que se bebe y se come y se vive en Sanlúcar, lo mejor del mundo, tendremos peste para rato. Verás el día que venga su majestad Felipe VI cómo la depuradora no huele y cómo le alfombran las calles para que doña Letizia no pierda sus tacones y su nariz ciruplástica. Es lo que dice otra leyenda de Sanlúcar. Que cuando baja el presidente del Gobierno hasta Doñana los moquitos se los fumigan y a los demás, que nos vayan dando. Aután, naturalmente.

