Exposición en Tartaneros4
No le gusta nada. El florentino no mostraba únicamente el personaje bíblico que le encargó el papa Julio II para su tumba, su inconmensurable Moisés pétreo, estaba transmitiendo toda una lección magistral. Había esculpido a un prohombre cargado de conceptos y de mensajes neoplatónicos. En el polo opuesto, por citar un gran artista, que al igual que en esta exposición, recurre con frecuencia a la materia natural, traemos a colación a Miquel Barceló (1957) un artista plástico que trabaja el expresionismo abstracto. El mallorquín recurrió a sus arcillas para realizar el encargo de una capilla en el interior de la catedral balear. Un mar ondulado de barro arcilloso se hace retablo cubriendo todo el frontis, se quiebra a veces, los peces se multiplican y parecen querer escapar. Otra vez la duda, lo mismo que ocurrió con el maestro renacentista ¿Estamos ante una obra abstracta? También en este ejemplo, Barceló, dota a su obra de arte religioso de un bagaje conceptual. Cualquiera que se dé cita en Tartaneros4 en la primera quincena de julio, podrá discernir al enfrentarse a los trece cuadros más otras esculturas de MADRE TIERRA III de Vallecillos Merelo, si está frente a abstracciones o a obras plásticas realistas. Lo tendrá difícil. Y es que la misma pintura y la materia que la soporta, son productos de la madre tierra que dan cuerpo a las obras. El paisaje representado es la realidad misma. La pintora ha arrastrado, hasta sus esplendidas composiciones, argamasas que obtiene combinando los pigmentos con el suelo pisado por ella misma en distintos puntos del orbe. Desde Argentina hasta su Alpujarra natal, sin olvidar el terruño sanluqueño, la albariza, la arena de La Jara… Todo se nos presenta ante nuestras miradas, en algunos casos, tal cual, sin alterar su forma primigenia. Rosa, trabajadora incasable hasta la jartabilidad, si es que esta palabra existe, se ha decantado hacia la actión painting porque es el cauce donde da salida a toda su creatividad. Sus formatos son atrevidos para el mundo de la pintura, dónde un cuadro cuadrado abarca una superficie de un metro. Rosa para MADRE TIERRA III bebe de la contemporaneidad más expresiva, de todo el arte conceptual y, aunque a sus trabajos ella los titula con marchamos realistas: Posidonia, Arrecife, Almadraba, La Dehesa, Mediterráneo…, ante la visión de los mismos el espectador es libre de disfrutar con toda su vibración, sin etiquetas preconcebidas dadas por su rotulación, simplemente hay que dejarse llevar ante la visión hedonista que produce sus densos y generosos empastes, donde las gamas terrosas luchan con tonalidades coloristas para romper el espacio del lienzo. La autora, como ya lo demostró en su anterior exposición sobre Los Oficios, es una gran dominadora del collage, alguien dijo de aquellos trabajos que eran cuadros con marchamos de esculturas. Rosa sigue utilizando técnicas del collage, ahora en breves pinceladas, para sus obras Contranatura, Dunas, Fronteras… donde la inclusión de elementos tridimensionales le sirven para expresar sus dictados del alma. Pero Rosa también nos presenta en la presente exposición esculturas que igualmente nacen de la natura. Son elementos sabiamente desubicados y elevados a la categoría de pequeños monumentos exentos. Las obras son propuestas para rodearlas, para tocarlas, para sentirlas. Esta exposición le va a importar, y mucho, a los que gusta de un arte sin líneas rojas, para los que beben de todas las propuestas artísticas valientes, para los que aman el arte por el arte, para los que no quieren ponerles puertas al campo, pero también a los ávidos de sensaciones nuevas, a los que se abren a nuevos aprendizajes y quieren salir de la rutina pintoresca. Rosa es una artista sin ataduras que nos hará disfrutar de un arte en libertad. Estamos ante la exposición más atrevida del verano 2016, esto es: MADRE TIERRA III Juan José García Rodríguez

