Sanlúcar: Balance de otro año perdido
SD.- No se puede edulcorar lo que ya es evidente para cualquiera que camine por Sanlúcar. La ciudad no muestra, desde hace décadas, el menor signo que la saque de su intrascendencia social y política, y 2025 ha sido el año en que ese deterioro ha dejado de ser una sensación para convertirse en una realidad palpable.
Este ha sido el año de Carmen Álvarez, de Víctor Mora, de Carmen Pérez, de Juanjo Marmolejo y de Carmen Infante. Pero, sobre todo, ha sido el año de la parálisis. El año en el que el PSOE aceptó de malas ganas el acuerdo de coalición para romperlo después porque el rédito político y personal de sus dirigentes estaba más en la oposición que en trabajar para avanzar. Las cuentas siguieron en rojo, la vivienda se volvió aún más inaccesible, la seguridad se resintió, el espacio público se privatizó de facto y el patrimonio histórico se utilizó sin el más mínimo pudor vapuleado por intereses económicos que prevalecieron en aras del progreso, desoyendo las voces autorizadas de historiadores, arqueólogos y arquitectos.
Una ruptura política que dejó a la ciudad sin timón
La ruptura del pacto IU–PSOE no fue una sorpresa ni un accidente. Fue la consecuencia lógica de un gobierno sin cohesión ni proyecto compartido. Víctor Mora pasó de socio a opositor frontal, y desde entonces el Ayuntamiento funciona en modo supervivencia. No gobierna una estrategia, gobierna el corto plazo porque las propuestas de ciudad son bloqueadas sistemáticamente por los tres partidos de la oposición sin importar el color. Lo importante es la pieza: Carmen Álvarez.
Las acusaciones cruzadas, los reproches constantes y el bloqueo político han tenido una consecuencia directa: Sanlúcar ha quedado en segundo plano. Mientras los despachos se llenaban de ruido, los problemas reales crecían en la calle lo que presumiblemente seguirá así hasta que los sanluqueños tomen la palabra en 2027.
Un Ayuntamiento en quiebra técnica y sin relato económico creíble
El remanente negativo de tesorería no es una cifra abstracta: es una condena. Sanlúcar gobierna con una soga al cuello, sin margen para invertir, sin capacidad para planificar y sin un discurso honesto sobre cómo salir del agujero. La deuda bancaria sigue marcando la agenda real, aunque se intente disimular con anuncios menores y grandilocuentes que, incluso, ha añadido en su relato el gobierno de IU.
Vivienda: de emergencia silenciosa a problema estructural
La vivienda ha dejado de ser una promesa incumplida para convertirse en un problema social de primer orden. Familias expulsadas del mercado del alquiler, jóvenes sin posibilidad de emanciparse y promociones públicas que no pasan del titular por su irrelevancia. Gota de agua en el mar urbanístico de Sanlúcar
A este fracaso se suma ahora la turistificación sin control. Los pisos turísticos crecen mientras la vivienda residencial desaparece. El resultado es conocido en otras ciudades: barrios vaciados, precios disparados y una ciudad que deja de ser habitable para sus propios vecinos.Sanlúcar es una de las ciudades con un parque de pisos turísticos ilegales más alto de la ciudad;algo más de 2000. La propiedad privada sigue siendo un derecho, el mismo que tiene los gobiernos de la nación para intervenir los mercados para proteger a la mayoría de la ciudadanía en la compra de una vivienda o el alquiler de un piso.
Seguridad: cuando el problema ya es evidente
Durante años se advirtió de la falta de efectivos policiales. Se minimizó, se relativizó, se aplazó. Hoy ya no hay excusas. La situación de la Policía Local es vergonzante: plantillas bajo mínimos, turnos sin cubrir, presuntas bajas médicas fuera de control y una sensación de inseguridad que se ha instalado definitivamente en Sanlúcar, aunque afortunadamente solo está en el comodín de cualquier política de derecha y ultraderecha para «acojonar» al personal.
Las recientes actuaciones de la Guardia Civil en una urbanización de la ciudad, con la detención de uno de sus miembros, y el paso constante de narcolanchas por el Guadalquivir rumbo a Sevilla son señales inequívocas de un problema mayor. Sanlúcar no es ajena al narcotráfico, y mirar hacia otro lado no lo hará desaparecer.
El espacio público: privatizado ante la pasividad municipal
Otro síntoma del desgobierno es el uso y abuso del espacio público. Terrazas que ocupan más de lo permitido, y plazas convertidas en extensiones privadas de negocios, sin olvidar las terrazas creadas ad hoc frente al negocio de turno que se han hecho permanentes restando plazas de aparcamientos públicos para los coches. Todo ello ante la sensación generalizada de que el Ayuntamiento no controla o no puede controlar, al igual que la invasión de las zonas peatonales y aceras en general de bicicletas, patinetes y motocicletas amén de la falta de control o penalización en la contaminación acústica que convierte a la ciudad en una verbena diaria con ruido en bares y música callejera apoyada con potentes amplificadores de volumen. El espacio público es de todos. Y en Sanlúcar, cada vez lo es menos. Ni de lejos es la ciudad amable que se intenta vender.
Medio ambiente: la otra emergencia que se tolera
Hay un problema del que se habla menos, pero que atraviesa a todos los demás: el deterioro ambiental de Sanlúcar. No es una cuestión estética ni ideológica. Es salud pública, es calidad de vida y es futuro.
Los aliviaderos a lo largo de la playa siguen vertiendo aguas sin depurar cada vez que el sistema colapsa, normalizando una situación que en cualquier otro municipio costero sería escándalo permanente. El Guadalquivir recibe vertidos de aguas sucias cuya depuración es responsabilidad de Aqualia, mientras la sensación general es de opacidad, falta de control y ausencia de explicaciones claras a la ciudadanía que no acaba de aceptar que la culpa sea siempre de las lluvias y las mareas.
Sanlúcar vive de su entorno natural, pero no lo protege como debería. La conservación de los ecosistemas marinos y terrestres sigue siendo una asignatura secundaria, pese a la presión creciente sobre la desembocadura, los fondos marinos y las zonas agrícolas y la encomiable labor de los hombres y mujeres que en Sanlúcar se integran en Ecologistas en Acción.
El pinar de la Dinamita: una oportunidad perdida
El Pinar de la Dinamita es el mejor ejemplo de una ciudad que no termina de creer en sí misma. Podría ser un gran parque periurbano, un pulmón verde, un espacio de ocio sostenible y educación ambiental para Sanlúcar. Hoy sigue siendo un territorio sin un proyecto claro, expuesto al abandono y al riesgo, cuando debería estar protegido y puesto en valor.Algunos que hoy todavía viven de la política en puestos de responsabilidad no vinculantes allá por Sevilla prometieron solucionarlo y en esas estamos aún.
Basura, camiones averiados y vertederos ilegales
La limpieza urbana es otro síntoma del mismo problema. La falta de camiones y las averías constantes se traducen en calles más sucias y en una imagen de dejadez que afecta a barrios enteros. A ello se suma el vertido incontrolado e ilegal de basuras en distintos puntos del término municipal, sin una respuesta contundente ni sanciones ejemplares.Cierto es que últimamente se ha rejuvenecido el parque móvil de recogida de basuras con la compra de un camión nuevo.
En el entorno agrícola, la contaminación por plásticos se ha convertido en un problema estructural que nadie parece dispuesto a afrontar con decisión. Los residuos se acumulan en cunetas, arroyos y parcelas, afectando al paisaje, al suelo y a la imagen de un sector clave para la economía local.
Una ciudad que no puede seguir mirando hacia otro lado
Todo esto no son incidentes aislados. Forman parte de un mismo patrón: falta de planificación, falta de control y una preocupante normalización del deterioro. Sanlúcar no puede aspirar a ser una ciudad sostenible y amable mientras permite vertidos, degrada su entorno natural y gestiona la limpieza como si fuera un problema menor.
La ecología no es un lujo ni una moda. Es una obligación. Y también una oportunidad para construir una ciudad más habitable, más justa y con futuro.
Patrimonio histórico: del orgullo al mercadeo
La utilización indebida de Bienes de Interés Cultural —iglesias, bodegas, casas de indianos— revela una alarmante falta de escrúpulos. El patrimonio se usa, se explota y se degrada mientras la protección institucional brilla por su ausencia. Sanlúcar presume de historia, pero la gestiona como si fuera un recurso desechable.Por si a alguien se le ha olvidado, solo retrotraernos a la famosa foto de políticos y politiquillos rodeando la Casa Arizón para protegerla de la especulación.
Sindicatos, izquierda y un gobierno cada vez más aislado
El distanciamiento entre los sindicatos de izquierda y el gobierno municipal no es anecdótico. Es el reflejo de un ejecutivo cada vez más solo. La fractura social se suma a la fractura política y sindical.
La oposición y un Pleno fragmentado
PSOE, PP y Vox juegan sus papeles en un Pleno atomizado, donde cada intervención confirma una realidad incómoda: no hay un proyecto de ciudad compartido. Solo discursos enfrentados y una ciudadanía cansada de escuchar siempre lo mismo. La desafección política no es solo cosa de Telediario. Los ataques directos y personales del PSOE a la alcaldesa rompe todos los esquemas de una oposición que no es capaz de censurar con una moción la salida de Carmen Álvarez del ayuntamiento de la ciudad porque les pondría debajo de las patas de los caballos.
Sanlúcar, mientras tanto, espera
Sanlúcar espera vivienda, espera seguridad, espera empleo, espera más transparencia y espera respeto por su espacio público y su patrimonio. Espera algo tan básico como un gobierno que gobierne y una oposición que proponga. Soñar es gratis.
¿Cuánto más puede aguantar la ciudad?
El balance de 2025 no deja lugar a interpretaciones complacientes. Sanlúcar no avanza, se desgasta. Y lo hace mientras quienes tienen la responsabilidad de cambiar el rumbo siguen atrapados en sus propias dinámicas de poder.
Desde Sanlúcar Digital lo decimos con claridad: la ciudad no puede permitirse otro año perdido. Porque mientras la política local se mira al ombligo, Sanlúcar paga el precio.
Y ese precio ya es demasiado alto, pero mucho nos tememos que
