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Palcos. “Ópera Bufa en Tres Actos”
 
 
 
 
   
 
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23 de Marzo de 2010

Zarazaga ¿Acaso las hermandades no tienen más dinero que nunca?, ¿es necesario, encima de que están subvencionada con el dinero público cortar el disfrute de aquellos que no tienen recursos para costearse un palco?

José Luis Zarazaga Pérez.-Como estamos en época Cuaresmal, hoy este humilde desarticulista, y sin que sirva de precedente, va a mudar de costumbres literarias y no vamos a comenzar hablando de la gestión política de nuestra localidad. Si  señores, han leído bien, hoy hablaremos un poco de un género que apasiona sobremanera a mi gran amigo Miguel Ángel, nada más y nada menos que del género musical, en lamodalidad de ópera bufa. 

 

Primer Acto:

Nuestro ínclito Ayuntamiento, (Ilustre, afamado, etc.), estando comandado actualmente por la incombustible Irene y su troupe, que no me seáis mal pensados, no descansan ni a sol ni sombra, se nos dejan caer en el mes que contempla el nacimiento de la primavera  con la idea de montar Palcos de Semana Santa en todo rincón de nuestras calles que se precie.

Es curioso como el terrible enemigo el barítono andalucista, calla y no deleita a nuestros oídos con  un do de pecho de  los que nos tiene ya acostumbrados. Pero no se vayan todavía, que aún hay más, la tranquilidad es efímera y pronto saltará la escandalera para conseguir una cortina de humo que tape los verdaderos problemas que aquejan a nuestra ciudad. Pero eso por suerte, o por desgracia, será cuando haya finalizando dicha fiesta.

Ah oscuros designios y poderosa fuerza la del Lado oscuro, (entiéndase Unión de Hermandades), que con su misteriosa mente, ha logrado que todos los políticos callen vilmente y no se opongan a una innecesaria y molesta ampliación de la Carrera oficial.

El plan ideado por no sabemos qué genio de la economía es magistral: se amplía el número de palcos, se dobla el precio, se subvenciona con dinero público la instalación y nos quedamos con lo recaudado. Moraleja todo un Solbes de la economía. Fin del Primer Acto.

Segundo Acto:

La Unión de Hermandades, que no conoce la palabra crisis, ya que para eso tienen línea directa con el que está arriba, “no seáis de nuevo mal pensados, no me he hecho creyente, se trata simplemente del palacio Municipal, que está en el Barrio Alto”, se descuelga de todas las bullas, en plan Robín Hood, para defender a la plebe y lograr un espacio apto para que sus fieles capillitas puedan disfrutar de las carrozas sin ensuciarse con el resto de la plebe.

El capillita sanluqueño, que al contrario que el lince de los anuncios no está en peligro de extinción, clamaba, gemía, gritaba, imploraba por una silla. Gritaba ¡una silla, doy mi reino por una silla!, que maravilla, que maravilla.

Nuestros humildes Hermanos Mayores, atendiendo al clamor popular, que no al parné, se pusieron manos a la obra y en plan Cabildo Catedralicio se dirigieron al sacrosanto Salón de Plenos y allí con la toda la fe e imbuidos de la gracia gritaron: ¡Hagamos una multiplicación de palcos, como no haya otra igual y que los gobiernos venideros nos tomen por locos!, y curiosamente lo lograron, con las alabanzas de 25 ángeles cantores, que a ver quién es el político que tiene lo que hay que tener para no gritar  ¡Aleluya! ante tamaña petición.

Y así sucedió y así se lo contamos como si fuera el milagro remasterizado de la multiplicación de sillas y palcos, que no de peces. Desde ahora donde había antes veinte capillitas, habrá ahora ochenta más sus familiares de turno: (la sufrida señora, el niño porculero, la abuela protestona, la niña repipi y un largo etc.). Fin del Segundo Acto. 

Tercer Acto:

El Capillita, ese ser único en su especie, que se mueve por y para aparentar dentro de su cofradía. Ese ser que con sus ansias de representar ha provocado el crecimiento desaforado del número de palcos. Ese ser que es más agarrado que una vieja en una moto, no le importa pagar lo que sea, con tal de figurar en un palco, aunque sea en medio de la Calle Ancha. Da igual que allí el paso tenga menos gracia que regalarle a Stevie Wonder una película muda, lo importante es aparentar y poder comentar en la barra del bar “bullas yo,… como tengo palco”. Fin del Tercer Acto.

Epílogo:

Ante este panorama, que tal como lo he definido me recuerda más a una Ópera Bufa que a una manifestación de fe, yo me pregunto: ¿de verdad alguien se cree todavía  que eso es vivir la Semana Santa?; ¿Acaso las hermandades no tienen más dinero que nunca?, ¿es necesario, encima de que están subvencionada con el dinero público cortar el disfrute de aquellos que no tienen recursos para costearse un palco?

Pues parece ser que si, y para colmo de males con la connivencia de todos los políticos, ya se definan de izquierdas o de derechas, ante el poder de Dios, todos se han vuelto iguales, y acaban vendiéndonos que una manera de atraer turismo es llenar de palcos las calles.

Las subvenciones y este nuevo impuesto, digamos revolucionario, fueron realmente necesarios en épocas pasadas, en cuanto ayudaron a sobrevivir a muchas hermandades, que al igual que en la actualidad lo único que andan buscando es reforzar su poder político ya que en ello va implícito su poderío económico.

   Para finalizar y no extenderme solo comentar que cuando se pretende lograr con estas actuaciones que la Semana Santa sea un espectáculo, ¿no sería mejor lanzar el guante y decir: quédense ustedes con sus sillas, sus palcos y su dinero?

  Menos Carrera Oficial y mas Obra Social…

The End.

 
 
   
 
     
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