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Los enteraos, que no fueron al Falla.
 
 
 
 
   
 
Los enteraos, que no fueron al Falla. PDF Imprimir E-mail
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23 de Marzo de 2010

Juanma GarránEsto se hace así, así y así, a mí me lo vas tu a decir, que yo lo sé tó de tó de tó y tú no sabes de ná.

 

Juanma Garrán.-Desgraciadamente en esta ciudad todavía los políticos y los técnicos municipales, no se han enterado de que para saber lo que hay que hacer y como se deben de hacer las cosas, antes hay que pedirle su opinión a los que se sitúan siempre detrás de la barrera.

 

 

Las cosas parecen estar mal planteadas, yo creía que eran  ellos, los políticos, los que se presentan a las elecciones y los votaba el pueblo y parece que nos es así, sino que los que le deben pedir permiso a los “Enteraos que no fueron al Falla”, de cómo se debe hacer esto o lo de mas allá, a ésos que arreglan todo desde la barra de un bar o desde un micrófono popular o columna periodística, son precisamente los políticos.

 

La sociedad en la que intentamos convivir tiene que madurar mucho aún, tanto que quizás como en muchos casos, sea incluso un problema generacional.

 

Pretendemos vivir en una sociedad avanzada, culta y educada en valores y respeto a los demás, pero todavía son muchas las personas que no saben asumir su papel real en el conjunto de esta sociedad que exigimos permanentemente que llegue y nos envuelva.

 

Cuando por determinadas circunstancias pasamos página en nuestras actividades, representaciones o funciones asumidas durante algún tiempo, se debe ser consciente del paso que damos. Algunas veces dejamos nuestros cargos por decisión propia, ya sabemos, la familia, el trabajo, los amigos…, en otros porque nos echan, nuevas generaciones, disconformidad con nuestras decisiones o cualquier otro motivo, y esto es lícito y de derecho.

 

Pero en algunos casos, la mayoría de veces porque nos han echado, no asumimos nuestro fracaso y pretendemos seguir a toda costa y probablemente sin sentido del ridículo en la picota informativa o popular, y esto, afortunadamente, ya no causa ningún efecto sobre las decisiones de quienes tienen la obligación, el deber y se han ganado el derecho, de decidir.

 

La grandeza de nuestro sistema es que los ciudadanos podemos decidir, y lo hacemos en libertad, cada cuatro años. Los que no respetan esta norma básica de convivencia no saben vivir en democracia.

 

Cada obra, no puede tener 70.000 arquitectos, cada decisión no puede tener 70.000 opiniones, cada paso o gestión no puede tener 70.000 consultas previas, porque una ciudad de 70.000 habitantes, decide si los proyectos, las decisiones o las gestiones son suyas y compartidas o no cuando cumple con su derecho al voto en unas elecciones municipales.

 
 
   
 
     
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