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Apuntes de Historia CCCXXVI
 
 
 
 
   
 
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07 de Abril de 2019
Reflexiones sobre el sentido de las efemérides
Manuel Jesús Parodi Álvarez.-La celebración, la conmemoración, de una determinada efeméride de naturaleza histórica, no es sola ni simplemente un momento “cerrado” en sí mismo, no es sólo un fin sino que es -o debería poder ser- un medio.
La celebración de un determinado acontecimiento histórico convertido  en una efeméride, en memorabilia (en cosa digna y merecedora de ser recordada, de ser tenida en cuenta a lo largo del tiempo), acaso por la mera y singular fuerza de su propio impacto histórico, no es un hecho final en sí mismo sino que es susceptible -y más todavía, debe- de llegar a convertirse en un mecanismo, en un instrumento para reforzar la presencia y el peso de dichos hechos memorables en la memoria (valga la redundancia) colectiva del cuerpo social que se sabe (que se pretende o se entiende a sí mismo) heredero de aquellos que en su día protagonizaron los hechos históricos en cuestión (esto es, de sus antecesores humanos y culturales en el tiempo que los vivieron y fueron protagonistas de los mismos).
           
De esta forma y por ello, por ejemplo, una cierta (“cierta” en el sentido de “veraz”, de “real”, no citada así por relativa) voluntad de “pedagogía histórica” (y por ello, de pedagogía cultural y social) debe presidir la conmemoración de una determinada efeméride, de manera que dichos acontecimientos del pasado enraizados (con mayor o menor fortuna, en cualquier caso) en la memoria del cuerpo social puedan servir como herramienta -como medio, según venimos señalando- de cara a desarrollar un mayor trabajo de sensibilización sobre la Historia y el Patrimonio Cultural colectivo.
 
De este modo la conmemoración de una efeméride habrá de permitir incidir en el campo de la socialización del conocimiento, permitiendo incluso poder generar una línea de acción clara y profunda sobre estos aspectos de difusión y divulgación, una línea de acción tal que llegue a trascender de la sola difusión y llegue a desarrollarse asimismo en el ámbito de los otros aspectos del trabajo sobre el Patrimonio (un trabajo que descansa sobre cuatro pilares esenciales: la protección, la conservación, la investigación y la difusión).
 
De esta forma es fundamental la tarea de difusión histórica sobre la propia efeméride de manera que se puedan sentar las bases para procurar llegar a planificar y acometer una línea de trabajo de envergadura y dimensiones superiores, susceptible de pivotar sobre la propia efeméride en cuestión y que permita, por ejemplo, adentrarse en terrenos de gestión del Patrimonio como el de la conservación de los bienes culturales.
Así y gracias a la acción de divulgación emprendida en torno a la conmemoración en cuestión será posible que llegue a accionarse una línea de acción mayor que pueda de hecho desplegarse en otros terrenos de la gestión del Patrimonio (que debe ser considerado en su sentido integral, pleno, de Patrimonio Cultural y Natural -de PCN) como el mencionado de la conservación de los bienes culturales (y ello sin perjuicio, además, del fomento de la investigación, algo que siempre habrá de redundar en beneficio del cuerpo social en cuyo seno se desarrolla dicha investigación merced al avance del conocimiento y la trasferencia del mismo de manos de la unión entre investigación y difusión).
           
Ahora bien, llegados a este punto, ¿de qué podemos decir que estamos hablando, entonces, cuando se habla de una conmemoración histórica, de una efeméride determinada?
 
Pues se trata de muchas cosas en realidad, de muchas líneas de acción que actúan en paralelo, que confluyen, que se combinan, que interaccionan entre sí y que permiten generar sinergias, esto es, que permiten desarrollar trabajos coordinados, confluyentes -cuando no directamente concatenados entre sí- de forma que se planifique y se vaya construyendo una acción integral de manera que una acción que se desarrolle (que una actividad, un programa de los que se establezcan) pueda sentar las bases de otras acciones posteriores, y de modo que cada acción que se desarrolle -repetimos- forme parte de un todo integral.
 
De esta manera cabe señalar que se trata de un “todo integral” que habrá de ser construido paso a paso y al mismo tiempo deberá ser dotado de sentido y significado, lo que a su vez llevará a que se conforme un paulatino “crescendo” de actuaciones –es de esperar que coordinadas- que configuran un cuadro general de actuaciones y de programas vinculados entre sí, no aislados, dibujándose un cuadro general dotado de sentido global (no formado por elementos aislados y acaso sin demasiada suavidad entre sí), generándose un paisaje armónico donde cada acción cuente con entidad propia al tiempo que con sentido como parte de dicho marco general de actuaciones.
           
Conmemorar un hecho histórico, de este modo, se convierte en una oportunidad para, aprovechando como “punto de apoyo” dicho hecho histórico y su efeméride, desarrollar un trabajo intenso y extenso en materia de difusión, de investigación y de socialización del Patrimonio (todo lo cual redundará a todas luces en la mejor situación a medio y largo plazo del citado Patrimonio) en un contexto social dado (un contexto de distinta escala: un barrio, una ciudad, una comarca, una región, un país o incluso una comunidad supranacional, internacional – y ello sin exclusión de la posible combinación e interacción de elementos comunitarios de distinto nivel, peso y volumen).
           
Un hito histórico determinado, pues, se puede convertir en una herramienta de acción sobre un contexto social y de transformación del mismo, incidiendo en positivo (con un grado y profundidad variables) sobre un cuerpo social, sobre su percepción de su Historia y los valores de su Patrimonio Cultural y Natural, sobre su concepción de sí mismo (revalorizándola), sobre su propia identidad (cargándola de elementos positivos).
 
Al mismo tiempo, el desarrollo de una línea de acción y planificación sobre el Patrimonio Cultural (y Natural) podrá incidir a su vez, a medio y largo plazo, sobre la preservación de los Bienes Culturales (y Ambientales) que son el referente material, plástico y tangible, de las señas de identidad y de la Historia de una comunidad determinada (con independencia de que la misma tenga un menor o mayor volumen y entidad de acuerdo con sus perfiles económicos  y con su naturaleza y realidad demográfica).     
 
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