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13 de Agosto de 2017
Sobre las Puertas de Sanlúcar (IV)
Manuel Jesús Parodi Álvarez.-Como decíamos la pasada semana, el casco urbano histórico de Sanlúcar de Barrameda cuenta con dos ejes bien identificados, dos núcleos esenciales que, juntos, vienen a conformar las dos realidades de ese espacio urbano central en torno al cual se vehicula y organiza la ciudad de Sanlúcar de Barrameda a lo largo de su tan dilatada Historia como tal espacio definido y con carácter propio.
La ciudad medieval de Sanlúcar, en tiempos ya cristianos (esto es, a partir de la segunda mitad del siglo XIII), contaría con un recinto amurallado que la envolvería protegiéndola de incursiones y ataques enemigos, pues es éste (el de la desembocadura del Guadalquivir, en el Golfo gaditano abierto al Atlántico) un espacio, por costero, de frontera, y por ende sujeto a los peligros de aquellos poderes enemigos de la Corona castellana y dispuestos cuando no a intentar la conquista de estas tierras sí al menos a llevar a cabo expediciones de saqueo de las mismas, como se demostrase, por ejemplo, a finales del Doscientos, poco, muy poco tiempo después de la conquista castellana de estas tierras, reinando en Castilla el afamado monarca Alfonso X “El Sabio”.

Esta cinta muraría, sobre la que nos hemos ya detenido en diversas ocasiones en artículos anteriores (precisamente en su trazado, en su recorrido y su contorno, por ejemplo), habría contado con cuatro puertas principales, con cuatro accesos mayores a través de los cuales se franqueaba el paso a la entonces villa sanluqueña, unos accesos que, o bien no se han conservado (como ha sucedido con la mayor parte de la propia cinta murada), caso de las Puertas de Sevilla, de la Mar o de Jerez, o bien se han conservado muy transformadas en su fisonomía, caso de la Puerta -o “Arquillo”- de Rota.

Estas puertas principales de la villa murada eran elementos definitorios del espacio: no sólo a través de ellas (sin perjuicio de los accesos menores -o portillos- abiertos paulatinamente en los lienzos de la muralla a lo largo del tiempo y su papel como elementos favorecedores de la comunicación) se accedía a la villa y se salía de la misma, sino que su presencia generó espacios de transición entre las zonas intra y extra muros de la villa, siendo además capaces de generar asimismo toponimia urbana en el casco histórico de Sanlúcar.

Si las contemplamos grosso modo desplegadas sobre la Rosa de los Vientos, tal y como ya adelantábamos la pasada semana, estas cuatro puertas mayores de la cinta muraría de la Sanlúcar de Barrameda de los siglos XIV en adelante serían la Puerta de Sevilla (al Norte de la cinta muraria), la Puerta de la Mar (en el flanco Oeste de la misma), la Puerta de Rota (en la línea de muralla orientada al Sur) y la Puerta de Jerez (en el costado oriental de la muralla).

Los nombres que recibían estas puertas guardan relación con la orientación del las mismas, así como con la disposición de la caminería que desde ellas se desplegaba hacia fuera de la villa (o que, dicho de otro modo, llegaba a la villa desde una u otras direcciones, lo que encontraba como venimos diciendo un reflejo directo en la denominación de cada una de estas entradas a la Sanlúcar bajomedieval y de los primeros tiempos de la época moderna).

Así, por ejemplo, en el entorno septentrional de la muralla sanluqueña, la Puerta de Sevilla recibía tal nombre por abrir la ciudad (la villa medieval, que Sanlúcar sería ciudad más tarde, ya en época moderna) en dirección a la capital del Reino de Sevilla, contando con el camino de Sevilla como elemento viario que aún conserva su denominación en la toponimia urbana sanluqueña.

De otra parte encontraremos la Puerta de la Mar (una denominación que se encuentra con relativa facilidad en accesos ubicados en ciudades costeras suele haber una “Puerta de la Mar” en ciudades de costa que hayan contado con recinto murado), que abría la villa a la Ribera; recordemos que la cinta de muralla de la villa recogía en su seno sólo al corazón del Barrio Alto, de modo que el Arrabal de la Ribera (el embrión del actual Barrio Bajo de Sanlúcar) quedaba extramuros de la referida cinta muraría, no cubierto por la misma.

La Puerta de la Mar, pues, comunicaba la corona de la Acrópolis sanluqueña con la orilla, con el Barrio costero del casco antiguo, con el Arrabal de la Ribera, y, de este modo y en definitivas cuentas, con el mar, con la playa, con el río Guadalquivir que en Sanlúcar es el río-mar de las navegaciones oceánicas, la puerta de ese Cosmódromo que es el Golfo de Cádiz y que en buena medida tendría su epicentro precisamente en el propio contexto del río Guadalquivir en época medieval y en los primeros tiempos de la Modernidad, en la transición entre los siglos XV y XVI, en la época de las navegaciones colombinas y de la gran epopeya que fue la Primera Vuelta al Mundo, el Viaje de Magallanes-Elcano que entre 1519 y 1552 circunnavegó por vez primera la Tierra habiéndose hecho a la mar las naves (las naos Victoria, Concepción, Trinidad, Santiago y San Antonio) que componían dicha expedición desde Sanlúcar un 20 de septiembre de 1519, para volver (ya sólo la nao Victoria) a Sanlúcar, a la Bahía de Sanlúcar que describiera el cronista de la Expedición, el italiano Antonio Pigafetta en sus párrafos, un seis de septiembre de 1522, tres años después de su partida, habiendo coronado con éxito un viaje que cambiaría para siempre la Historia de la Humanidad…

Esa Puerta de la Mar sería testigo de la llegada de las tripulaciones de estas naves a Sanlúcar en 1519, de su partida, ese mismo año, y de su regreso tres años después, cuando los doscientos y pico navegantes iniciales que embarcaron en nuestra ciudad camino de su odisea se habían convertido en sólo 18 supervivientes, exhaustos, que llegaron a nuestra ciudad para dar testimonio de su proeza.

Finalmente cabe señalar que las Puertas de Jerez y de Rota, las dos restantes de este conjunto de cuatro accesos mayores al casco histórico de la antigua villa murada, amparaban los accesos a la misma por el Este y por el Sur, respectivamente.

La semana próxima abordaremos, en este recorrido que venimos haciendo por los espacios mayores de transición entre la villa murada y el exterior de la misma, aspectos relativos a la propia ubicación de las puertas, su localización definida o hipotética, los restos que de alguna aún se asoman tímidamente a nuestro caserío urbano, y el papel de las mismas en la traza y ordenamiento de la Sanlúcar de la Baja Edad Media.

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"Estos políticos son el grado mayor de descomposición, que la clase política en su degeneración ha llegado, sin atisbo de vergüenza o arrepentimiento. Son bandoleros."
La clase, sin clase, política, se ha apuntado desde hace tiempo, al “vamos a contar mentiras”. Sea de una forma o de otra, por activa o por pasiva. Permanentemente mintiendo y engañando a una ciudadanía, excepto los pingüinos, trotes cochineros, vividores etc., decía a una ciudadanía pobre y necesitada, a la que se les trata de hacer olvidar sus penurias, con cabalgatas pseudoculturales y estéticamente horrorosas; con una televisión hemeroteca de capillismo, a todas horas, días y lugares;
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