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Apuntes de Historia CCXXVII
 
 
 
 
 
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14 de Mayo de 2017
1717-2017
Manuel Jesús Parodi Álvarez.-Hace ahora trescientos años (precisamente en este mes de mayo es cuando se cumple la efeméride, casi coincidiendo con la aparición de este texto, pues el día concreto fue el 12 de mayo) que la Monarquía Hispánica decidió cambiar la sede de la gestión de los asuntos económicos del Imperio, de las oficinas desde las que se gestionaba todo el tráfago oficial del comercio imperial, algo decididamente sustancial para la administración de dicho aspecto esencial del estado imperial español de la época.
Dicha sede, establecida en la ciudad de Sevilla desde la propia constitución como tal de dicho departamento de la administración (por expresarlo en términos contemporáneos) en fecha tan temprana como 1503, en pleno desarrollo de los Viajes Colombinos y aún bajo el reinado de Isabel I de Castilla, fue trasladada de sede por Felipe V de Borbón apenas terminada la guerra que acarreó su ascenso al Trono tras la muerte del último de los soberanos de la Casa de Austria, Carlos II “el Hechizado” (tío del antedicho príncipe francés devenido heredero de la Corona de España, el antedicho Felipe de Borbón), siendo asentada en la ciudad de Cádiz, como decimos, en el mes de mayo del año 1717.

La Guerra de Sucesión Española (que se desarrollaría entre 1700 y 1715) no fue un conflicto meramente interno en España, sino que adquirió dimensiones internacionales llegando a convertirse en un conflicto paneuropeo, generalizado en el continente, en el que las diferentes potencias mayores de la época, como Francia, el Sacro Imperio Romano (Austria), Inglaterra, Holanda, se enfrentaron entre sí, unas (Francia, esencialmente) para impedir que  la Casa de Habsburgo continuase reinando en los territorios de los Imperios español y austríaco, y otras (Austria y sus aliadas, Inglaterra y Holanda) para impedir que Luis XIV consiguiese situar en el Trono de España a uno de sus nietos, a un príncipe de la Casa de Borbón, consiguiendo de ese modo forjar una alianza entre las dos principales potencias de la Europa Occidental, España y Francia.

Este conflicto de amplio radio polarizó en buena medida a la Europa de la época (desde el Atlántico hasta los Balcanes, y desde el Mar del Norte hasta el Tirreno) trascendiendo sobradamente de la dimensión española del mismo; contemplado desde la óptica peninsular, realmente se trató de una guerra entre los distintos territorios peninsulares de la Monarquía Hispánica, habiéndose, en líneas generales, los antiguos reinos y territorios de la Corona de Aragón, decantado por el aspirante Habsburgo, el archiduque Carlos (que no conseguiría finalmente llegar a ser rey de España al convertirse en emperador de Austria, lo que provocó que sus aliados, definitivamente, lo abandonasen prefiriendo de este modo evitar que un mismo soberano reuniese en su cabeza las dos Coronas, de España y Austria, como sucediera en el caso de su antepasado el emperador Carlos V doscientos años antes, a principios del siglo XVI), mientras los reinos y territorios de la Corona de Castilla se alinearon, en líneas generales, con el pretendiente francés, el duque de Anjou, Felipe de Borbón, nieto de Luis XIV.

Es de señalar, por hacer ver el perfil familiar, dinástico, de la cuestión, que ambos candidatos al Trono español (el duque francés y el archiduque austríaco) eran primos entre sí y sobrinos, a su vez, del fallecido soberano hispano, Carlos II de Habsburgo.

La Guerra de Sucesión Española se zanjaría a la postre, con la Paz de Utrecht: (en realidad una serie de tratados cuya plasmación se extendió entre 1712 y 1715 y que involucraron a media Europa, si no más, literalmente).

Esta paz sería una consecuencia no sólo del agotamiento de los largos años de enfrentamiento en Europa y de la evolución bélica del conflicto propiamente dicha, sino de –como se ha señalado, el ascenso del aspirante austríaco al Trono imperial, lo que llevó a que sus aliados (Inglaterra y Holanda) le abandonasen ante el peligro de que, como hemos señalado, se repitiese el caso del emperador Carlos V de modo que la misma persona reuniese en sí la Corona del Sacro Imperio y la Corona del Imperio español; ello terminó haciendo a Felipe de Borbón rey de España, convirtiéndole en Felipe V, el primer soberano Borbón de la Monarquía Hispánica.

El nuevo soberano español y su gobierno trataron de imprimir nuevos ritmos a la administración del estado, y dentro de esa política reformista y de racionalización de las estructuras de gestión de la Corona se insertaría el traslado de la Casa de la Contratación desde Sevilla a Cádiz, por motivos que iban desde lo económico hasta lo político, desde lo práctico y lo funcional hasta lo defensivo.

Así, y en dicho contexto de racionalización de la gestión de la administración se produce el traslado de la Casa de Contratación a Cádiz, desde el actual Archivo de Indias, en pleno centro de Sevilla, hasta el actual Palacio de la Diputación Provincial, junto al puerto de Cádiz, en mayo de 1717.

Sanlúcar se encuentra inmersa en la conmemoración del V Centenario de la I Vuelta al Mundo, como sabemos, que es la gran efeméride en la que la ciudad está volcando todo su esfuerzo, de cara a la proyección y el mayor conocimiento de la misma dentro y fuera de sus fronteras locales, pero no está de más, habida cuenta de lo oportuno de las fechas, siquiera sea traer brevemente a colación en estas líneas este hito del pasado, el traslado de la Casa de Contratación desde Sevilla a Cádiz, pues de ello se cumplen nada menos que trescientos años justamente en estos días, y porque a Sanlúcar no hubo de resultarle en absoluto indiferente dicho acontecimiento histórico en su momento.

Sanlúcar había contado con fiscalidad propia bajo el señorío de los Guzmanes, pero la incorporación de la ciudad al realengo en 1645 llevaría aparejada la entrada de este entorno hasta entonces señorial en un ámbito distinto, el de los territorios dependientes de la Corona, sujetos a una realidad fiscal (y no sólo fiscal) distinta, vinculada no con un determinado señorío sino con el Estado propiamente dicho.

La organización del comercio de dicho Estado, su articulación en torno al eje del Guadalquivir, en las sedes sevillana (primero) y gaditana (desde 1717), con Sanlúcar de Barrameda en las bocas del gran río andaluz, tiene todo que ver con la Historia de nuestra ciudad, con su evolución histórica, con el desarrollo de su urbanismo histórico, y con el papel desempeñado por Sanlúcar en la Historia de España, de Europa y de las navegaciones transoceánicas en la Edad Moderna.

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Bajo el lema "es en nombre de los rocieros y rocieras de Sanlúcar", en nuestra abandonada ciudad por parte del Alcalde Víctor Mora y su equipo de gobierno como ya sabemos, se ha colocado (a pesar de la oposición de miles de sanluqueños/as) un colosal monumento en honor a la Virgen del Rocío; (decía en un anterior artículo de opinión "mamotreto"  porque se trata de un objeto grande, pesado, tosco y poco útil, pero me da igual el sinónimo a usar).
 
 
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