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09 de Abril de 2017
FRANCISCO REPARA MI IGLESIA
Enrique Vilaseco.-En 1205 en un día de otoño un joven llamado Francisco Bernardone va a experimentar una profunda conversión, su inquietud de buscador sincero, le llevaría a querer escuchar de Dios sobre lo que le pedía hacer en su nueva vida. Es así como Francisco se sumergió a rezar en una pequeña iglesia en ruinas, llamada de San Damián. Esta iglesia que se encontraba en Asís, su ciudad natal, tenía filtraciones en el techo y las paredes se desmoronaban. En el interior de la misma, prevalecía la presencia de una imagen pintada de Jesús en la cruz. Francisco miraba a Jesús y le pedía que le concediese luces. El quería una palabra de Dios, y la obtuvo. Desde la cruz, Jesús le dijo: "Francisco, ¿no ves que mi casa se derrumba? Anda, pues, y repárala".

Jesús lo dijo, no sólo una vez ni dos, sino hasta tres veces. Así que no había posibilidad de error en la escucha del mensaje. Al menos eso es lo que le parecía claro a Francisco. Entonces él se fue y consiguió materiales de construcción. Juntó algunas piedras con sus propias manos, y vendió sus posesiones para poder pagar cemento y madera. Francisco renuncia a su trabajo diario, exasperando a su padre, pero lo hace para poder dedicarse por completo a la tarea que Dios le había encomendado. Y cuando completó su trabajo en San Damián, fijó su atención en iglesias aledañas que necesitaban ser reparadas.

Es así como Dios lo comienza a guiar para entender lo que realmente quería decirle en las palabras “¿no ves que mi casa se derrumba? Anda, pues, y repárala".

Pero Dios no se refería solamente a la iglesia local con el techo lleno de filtraciones. Él se refería a la Iglesia católica toda, una tarea de un orden bastante diferente. Jesús repitió la indicación una y otra vez, pero Francisco no comprendió.

La verdad es que Francisco de Asís reparó la Iglesia toda. El empezó el movimiento Franciscano, que ha ayudado a tanta gente que sufre a volver a Jesús nuevamente. Mediante su ejemplo, su predicación y poesía, él inspiró a los cristianos a recuperar los valores evangélicos de la pobreza, pureza y oración. Dando el ejemplo de verdadera devoción, él mostró la farsa que existía en las falsas devociones y supersticiones.

Dios le encomendó la reparación de la Iglesia en su ámbito espiritual y no puramente material, y Francisco no lo entendió al principio. Sin embargo, pronto captó el mensaje que el Cristo de San Damián le dirigió desde la cruz.

Sirva este pequeño relato como introducción al tema que quiero dedicar en este artículo.

El pasado 15 de marzo tuvo lugar el desprendiemiento de parte de la cornisa de la Iglesia de San Francisco, con el consiguiente riesgo para la seguridad de los sanluqueños en su cotidiano transitar por la calle del Angel. El suceso, afortunamente, no produjo ningún daño personal, máxime cuando en la calle que nos ocupa se encuentra el colegio de la Salle, y el peligro que supone la cantidad de escolares y familiares de los niños que suelen cada día abarrotar los alrededores de la Iglesia, sobre todo en los momentos de entrada y salida del citado colegio. La iglesia de san Francisco como otras muchas de Sanlúcar presentan un lamentable aspecto de degradación por el paso de los años, sin que se haya llevado a cabo un plan general de rehabilitación que sería de urgente necesidad para persevar este monumento histórico y artístico del patrimonio sanluqueño. La tarea de rehabilitar el antiguo templo que perteneció a los franciscanos tiene que ser abanderada por el máximo responsable de la diócesis de Jerez-Asidonia, es decir, su Obispo como pastor de la Iglesia y, emulando de alguna manera a san Francisco de Asís, que dió ejemplo siendo el primero en poner manos a la obra. El Ilustrísimo José Mazuelos, Obispo de Jerez, no vaciló a la hora de emprender la plataforma para la recuperación de la Iglesia de Santiago, felizmente restaurada y de nuevo al culto. El Obispo no lo es sólo de Jerez, aunque allí tenga su sede la diócesis y habite en un gran palacio muy cerca de la Catedral, también lo es de todos los pueblos que conforman dicha diócesis. Por lo tanto también debe prestar la máxima atención a los templos sanluqueños, muchos de ellos se están cayendo a pedazos, ante la mirada pasiva del Obispado.

Ante el incidente ocurrido el pasado día 15, el cura párroco de San Nicolás ha actuado con celeridad y ha tomado cartas en el asunto para al menos llevar a cabo un arreglo urgente de la desprendida cornisa, evitando así el peligro que pudiera causar en un futuro. Las obras han sido costeadas por las tres hermandades que tienen allí su sede canónica y por el Colegio de la Salle, sin embargo, la Iglesia a través de su Obispo NO ha colaborado en sufragar los gastos de las obras llevadas a cabo. Muchas iglesias sanluqueñas se mantienen en pie gracias al esfuerzos de las hermandades que radican en la misma, que a trancas y barrancas intentan mantener lo mejor posible el templo que les da cobijo. Tenemos ejemplos como la labor desempeñada por la Hermandad de la Borriquita en San Miguel; la de los Dolores en la Trinidad o las tres que comparten sede en la Basílica de la Caridad. Ante eso tenemos que elogiar la ardua labor de los cofrades y de sus juntas de gobiernos, pero no por ello puedo pasar por alto la desidia de la jerarquía elclesiástica en su conjunto con el señor Obispo a la cabeza. San Francisco, Santo Domingo, San Diego y otros muchos templos necesitan una rehabilitación de envergadura y no sólo parches y colocación de redes para evitar desprendiemientos.

Hubo una época no muy lejana en que la Junta de Andalucía, y gracias a don Luis García Garrido, llevó a cabo una gran inversión en la restauración del Santuario de la Caridad o de la Parroquia de la O, así como una enorme colaboración en la rehabilitación de la Iglesia de los Desamparados. Urge en Sanlúcar un acercamiento entre las distintas administracciones: Junta, Diputación y Ayuntamiento con los máximos responsables de la Iglesia para llevar a cabo un gran proyecto de rehabilitación de los templos sanluqueños, máxime cuando nuestra ciudad aspira a celebrar el Quinto Centenario de la Primera Vuelta al Mundo. Invertir en conservar el patrimonio artístico – histórico de la ciudad es crear riqueza para el futuro, si queremos ser una ciudad de turismo donde poder ofrecer al visitante no sólo sol, playa y gastronomía, sino cultura e historia, tal como vendemos cada año en la feria internacional de Fitur.

Siento envidia de las rehabilitaciones llevadas a cabo en Jerez en las iglesias de San Mateo, Santiago o en San Juan de los Caballeros, Sanlúcar se merece estar a la altura de las grandes ciudadades andaluzas.

Espero que en un futuro no muy lejano los templos de nuestra ciudad tengan la merecida restauración que merece, y no un simple parcheo o un lavadito de cara.

 

Sanlúcar lo merece

 
 
 
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"Se le debería caer la cara de vergüenza, si la tuvieran, a Víctor Mora y a Juan Marín..."
Fernando Cabral.-Verdaderamente lamentable que el mal llamado Centro de Exposiciones y Congresos de la ciudad, después de haber costado más de dos millones y medio de euros no disponga de un sistema de aire acondicionado.
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