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09 de Noviembre de 2015
"Discutir sobre si permutar el monumento a la tolerancia, impersonal, como virtud,  en el mejor de los casos por un costumbrismo, dice bien poco, de un pueblo, pero más de los que a modo inquisitorial quieren que todos profesemos su fe, y/o aceptemos, lo que en nuestra razón no cabe."
Efectivamente en Sanlúcar siempre hay alguien en contra de cualquier cosa. Pasa normalmente en todos los lugares y situaciones. Se le puede llamar disparidad de criterios, disconformidad, diferencia de opiniones, puntos de vista diferentes. Es consustancial con el genotipo, por lo tanto con la biodiversidad. Esta ha engrandecido la humanidad y es esa variabilidad la que enriquece y ayuda a la permanencia y renovación adaptatoria de las especies. Por tanto que alguien no coincida con nuestra opinión, al menos en las cosas importantes, puede, no solo proporcionar una mejora en los planteamientos, sino a veces, hallar el verdadero enfoque y resolución al asunto.
Es por ello, repito, en las cosas transcendentes, que cada uno exponga su opinión, es más que se aplauda ello, para impedir el pensamiento único y el aborregamiento.

Sí, Sra., en Sanlúcar siempre hay alguien que se oponga. Si además es algo sobre lo que está lloviendo continuamente, enfangándose, en la falta de respeto al espacio común, a mi derecho a que aunque venga de un cargo electo, inútil en este caso, y aprovechando la paciencia jobiana del resto de los sanluqueños, que contemplan, dentro de su laicidad o no, como sus calles, su aire, sus edificios, sus comunicaciones, y sus escasos monumentos, están siendo empapelados, por una costumbre de la que podríamos discutir sobre su racionalidad, de algo personal, pero que con la ayuda de lo que debería ser la autoridad competente, su incapacidad y su folclorismo, se convierte en monumento de unos pocos, sin la mínima atención al resto de los ciudadanos, algunos que han expresado libremente su opinión contraria, y otros a los que se  procura tácitamente que en su silencio se considere favorable.
 
Ya se ha llegado demasiado lejos en este tema. Discutir sobre si permutar el monumento a la tolerancia, impersonal, como virtud,  en el mejor de los casos por un costumbrismo, dice bien poco, de un pueblo, pero más de los que a modo inquisitorial quieren que todos profesemos su fe, y/o aceptemos, lo que en nuestra razón no cabe.
 
Los que creemos en otros valores, caso que este lo sea, no hemos levantado, pintado (emborronado), ocupado, ninguna rotonda, calle, edificio, semana (ya año completo) para satisfacer nuestro ego idolatra. Al menos quede este reproche a los que, no tienen otra cosa que hacer en este pueblo de hambre, miseria y miedos, que votar en un pleno, la mayoría a favor, sobre si todos tenemos que rendir pleitesía obligada, en nuestro espacio, a una opinión particular, la suya.
 
De todo ello se extrae, que a imagen de la jurisprudencia, se crea precedentes, para que cualquier otra agrupación religiosa, club deportivo, organizaciones altruistas, partidos políticos, sindicatos, familias numerosas, etc., tengan derecho a que en cualquier espacio público, en vez de plantar árboles, se deje constancia permanente de sus creencias, opiniones, gustos u ocurrencias, en forma de garabato, pedrusco, estructura o lo que se le ocurra.
Todo ello con el permiso de la autoridad y si el tiempo que esta dure, lo permiten.
 
El mundo se divide sobre todo en indignos e indignados y ya sabe cada uno de que lado quiere o puede estar. Eduardo Galeano
 

Maestro Liendres                                                                       

 
 
   
 
     
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