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Falseador de cuentas
 
 
 
 
   
 
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16 de Julio de 2014
Profesión: Falseador de cuentas
José Antonio Bustamante.-Lo ocurrido hace unos días con la sociedad Gowex ha suscitado muchas críticas en cuanto a la falta de control y fiscalización de las empresas.  En un principio puede chocar escuchar a su presidente decir que llevaba cuatro años falseando las cuentas de la empresa, pero en realidad, si lo pensamos fríamente, no es más que una práctica que nuestros dirigentes políticos llevan a cabo sin mostrar el más mínimo rubor. Políticos que, por cierto, agasajaban sin parar a la citada Gowex con premios, subvenciones y créditos blandos, además de pasear a su presidente por EEUU, como un ejemplo del nuevo empresario español.

Los falseadores de cuentas han existido siempre, al igual que los falsificadores de obras de arte. Pero sin duda la profesión ha adquirido una especial relevancia, y un esplendor sin igual, con la llegada al poder de Rajoy.
Ya en octubre de 2011, con el actual presidente esperando para asaltar la poltrona, la Xunta de Galicia cerró su ejercicio contable casi dos meses antes de la media de la última década. Pretendían de esta forma evitar una debacle económica y quedar retratados como la Comunidad más endeudada de España. Ese galardón, finalmente, se lo lleva otra región del mismo signo: Valencia.
 
Una vez con Rajoy en lo más alto, anunciaron que debían hacer recortes que en principio no tenían previstos, ya que la deuda recibida era mucho mayor de lo que esperaban. Y, en efecto, tenían razón, aunque olvidaron señalar que esto fue debido a que tres de sus CCAA, a saber Madrid, Valencia y Castilla y León mintieron sobre sus deudas. Este engaño, además de un ridículo mayúsculo ante Europa, supuso un recorte adicional de 4.000 millones.
 
En 2013, Eurostat volvió a corregir a Rajoy situando a España como el país con el déficit más alto de toda la UE durante el año anterior. Esta vez el descuido de nuestro gurú falsificador fue olvidar que las ayudas a la banca con fondos públicos se pagan con dinero de todos los españoles y, por tanto, computan como déficit. Esto es algo que el Gobierno sabía con creces, sin embargo nos mintieron a todos en rueda de prensa afirmando que esto no sería así.
 
Hace tan solo unos días, la CE emitió una nota de prensa en la que se afirmaba que se iniciaba una investigación formal “por la posible manipulación de estadísticas en la Comunidad Valenciana. Se examinará si la declaración errónea, de forma deliberada o por negligencia grave, de los gastos realizados en esa comunidad autónoma tergiversó los datos nacionales de déficit y de deuda de España a lo largo de varios años”. Más de lo mismo. Una Comunidad perteneciente al PP que miente durante años sobre sus deudas para rebajar de forma ficticia su déficit y, de paso, el del conjunto de la nación. La multa, en caso de confirmarse, podría alcanzar los 2.000 millones que, por supuesto, pagaríamos entre todos.
 
La profesión de falsificador de cuentas sea, posiblemente, la que mayor salida tenga en estos momentos. Se buscan a magos de las estadísticas que sean capaces de subir el PIB en 4,5 puntos por habérsele ocurrido meter las drogas y la prostitución en el cómputo. Se realizan castings de prestidigitadores del cálculo para rebajar la población activa y aparentar de esta forma tener menos desempleados. Pero que no se le olvide ni al gurú ni a sus discípulos: la manipulación de las cifras del paro no harán disminuir las colas ante las oficinas del INEM, al igual que subir la riqueza de forma irreal no hará que la gente deje de buscar alimentos en los contenedores. Esa, señores falsificadores, es la triste realidad.
 
 
   
 
     
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