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Una realidad dura
 
 
 
 
   
 
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10 de Abril de 2014
Conoce y respetarás
Por Juan Marín (secretario general de CIS).Hace ya algún tiempo, un padre, enamorado de su familia y especialmente de una hija con ciertas dificultades físicas para enfrentarse al día dia y más concretamente a situaciones provocadas por personas, a veces crueles, me dio, sin pretenderlo, una gran lección de esfuerzo, humildad y amor a los suyos.

No importa en este momento ni la enfermedad, ni los nombres, importan los hechos y el porqué; y la vida, pese a que creemos en todo momento que somos capaces de comernos el mundo, insisto, la vida y su devenir, nos lleva a una realidad dura y a la que en multitud de ocasiones no le encontramos explicación.
 
Pero todo al final suele tener sentido y siempre existe un porqué. Eso lo afirmo precisamente por haber tenido la fortuna de conocer y, por tanto, respetar más aún si cabe, a padres y madres que luchan incansablemente por hacer que sus hijos salgan adelante sea cual fuere la dificultad que la propia existencia diaria le ponga por delante.
 
La sociedad en general pasa desapercibida ante personas que no responden a un modelo determinado de formas o comportamientos y donde, cada vez menos, el mérito y la capacidad se valoran en contraposición con la belleza física u otras peculiaridades de los individuos que estigmatizamos.
 
Pero cuando el cristal de tu retina tropieza con algo tan extraordinariamente valioso como el amor y el cariño de un padre o una madre por su hijo, te invade una luz que se refleja en lo más hondo de tus sentimientos y tienes que rendirte ante tanta grandeza y tanta voluntad de sacrificio.
 
Aspiro a una sociedad donde todos seamos seres humanos en igualdad y donde las diferencias sean simplemente puntos de encuentro para la conversación.
 
Nada importa cuando la salud nos es esquiva, todos recordamos en un velatorio que lo importante es vivir y no tanto el cómo hacerlo, pero hagámoslo mientras estamos vivos, después no tendrá sentido.
 
Por ello, conocer lo que realmente sucede y el porqué de las cosas, debe ser suficiente para respetarlas y si no lo es, es que a veces no merecemos tener tanta fortuna los que como yo mismo solo podemos dar gracias a Dios por lo que hemos recibido durante el transcurso de nuestras vidas.
 
A José Antonio, gracias, eres un ejemplo para la sociedad.
 
 
   
 
     
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