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Constitución
 
 
 
 
   
 
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05 de Diciembre de 2013
6 de diciembre, nada que celebrar en millones de hogares
SD.-Que la Constitución española necesita un lavado de cara ya no es cosa de los ennortados de IU hartos de pregonar a los cuatro vientos de los inconvenientes de una Constitución que con su aprobación bendijo el bipartidismo y relegó a las minorías a meras comparsas en  un proceso político temporal de 35 años, e igualmente dio alas a los nacionalismos que  tres décadas y media después siguen con las mismas pretensiones que antaño cuando se firmó la Carta Magna.
Entonces, otras formaciones políticas reptaban por el suelo patrio y los nacionalistas volaban ya en  primera clase con una Ley electoral, hecha a su medida, para tutear a los distintos gobiernos del PP y PSOE cuando han necesitado sus votos a cambio de estabilidad, cediendo siempre, el gobierno de España,  cualquier petición proveniente de las regiones periféricas independentistas, en detrimento, desde luego, de las demás.

Es cierto que éstas, al igual que la comunidad de Madrid, son las que más aportan a las arcas de estado pero ese era el juego que les exigía la Constitución para acabar con las diferencias económicas interregionales ;  de eso los españoles sabemos mucho pues hemos recibido ingentes cantidades de dinero de la UE desde nuestro ingreso en ella.
 
De todos es sabido que los nacionalistas han tenido siempre más diputados en Madrid que otros partidos políticos, - excepto los mayoritarios- que sin embargo superaban con creces el número de votos obtenidos, lo  que traducido a román paladino significa que el voto de un catalán, un vasco o un canario, que opte por la opción nacionalista, vale tres o cuatro veces más que el del ciudadano que opta por UPyD o IU. Este dislate y déficit democrático no ayuda en nada a homogeneizar políticamente a una sociedad desbocada a ninguna parte, menos aún con el actual panorama de corrupción, que a casi todos salpica, pero el PP y el PSOE no paran de mojarse, no salen de la piscina, de escándalo en escándalo.
 
Según la EPA cerca de 6 millones de españoles están en paro, hoy 6 de diciembre de este 2013, la pobreza alcanza cifras vergonzantes, los desahucios se incrementan, las colas en los comedores de caridad forman parte del paisaje de todas las ciudades, los voluntarios de organizaciones caritativas crecen exponencialmente como las necesidades creadas por la crisis y las reformas del gobierno. Una generación de jóvenes muy formados se incorporan a los mercados laborales de otros países europeos y americanos sin la esperanza de retorno a España y los que quedan y trabajan aquí lo hacen en condiciones precarias que les imposibilita siquiera independizarse.
 
La sanidad y educación consagradas en la Constitución , al igual que un techo para dormir, solo son declaración de intenciones de un papel que hoy se nos antoja ya muy mojado y aunque el señor Presidente del gobierno declare que tanto educación como sanidad o sistema de pensiones son inimaginables en muchos países, el señor Rajoy , como lo hiciera en sus promesas electorales, dejó inconclusa la frase y no ha dicho que países son los que no disfrutan de estos derechos que él y su gobierno han recortado a la mínima expresión.
 
Queremos suponer que las naciones a las que no hace referencia el señor presidente del gobierno de España pudieran ser: Camerún, Senegal, India, Haití, Somalia, Marruecos, etc., que  por poco que se esfuercen nos alcanzarán ya mismo.
 
Prisa se dieron los dos grandes en cambiar la Constitución por exigencias del mercado con la supuesta espada de Damocles, eso o la intervención  de rescate inmediato, pero PP y PSOE no se ponen de acuerdo ni tan siquiera para determinar, en estos tiempos de igualdad con los géneros,  a quien le pertenece la herencia de la jefatura del estado.
 
Con paro, miseria y hambre esta Constitución no necesita tantos cambios solo la voluntad de cumplirla y hacerla cumplir, mandato soberano que el pueblo de España dio a sus guardianes. Lo dice la Carta Magna “la soberanía nacional reside en el pueblo español", no  en la banca, ni el mercado y menos aún en la  Merkel.
 
 
   
 
     
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