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Stop desahucios rechaza distinción
 
 
 
 
   
 
Stop desahucios rechaza distinción PDF Imprimir E-mail
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03 de Marzo de 2013
Dos ejemplos de dignidad
"Es tiempo de soluciones, no de medallas"(Tomás Gómez, miembro de la PAH) 
"El pueblo masacrado y el clero callado"(Yayoflautas, frente al Arzobispado de Madrid)
 
 Luis Enrique Ibáñez.-La Plataforma de Afectados por la Hipoteca, Stop Desahucios, rechazó el pasado viernes, 22 de febrero, la distinción otorgada por la Junta de Andalucía en Huelva con motivo de la celebración del Dia Institucional de Andalucía en la provincia. 
Desde que el poder es poder, desde siempre, la autoridad ha intentado asimilar los movimientos de protesta, de rebeldía, para poder luego mostrarlos como algo propio. Es decir, aquello que surge como contestación a un sistema injusto pierde todo su poder cuando es el propio sistema el que lo absorbe...  el que lo acuna en su regazo.

Pues bien, Tomás Gómez, miembro de Plataforma de Afectados por la Hipoteca, no se tragó el sapo, no picó el anzuelo. Fue tan inteligente como para asistir a acto. Si no hubiera asistido, su acción no habría sido tan eficaz. Allí se plantó, subió al estrado con su llamativa, reivindicativa, camiseta de Stop Desahucios, y allí transformó el premio de la Junta en un lúcido, en un luminoso bumerán.
 
Cogió el premio, y tras un obligado agradecimiento, volvió a dejarlo encima de la mesa y dijo: "Es tiempo de soluciones, no de medallas". Cuando el último sonido de estas palabras voló por el aire, la dignidad, serena y orgullosa, invadió toda la sala.
 
Creo que tenemos que exigir a todas las administraciones que funcionan con dinero público, con nuestro dinero (ayuntamientos diputaciones, Junta de Andalucía), que lo retiren de esas entidades bancarias que están ejecutando desahucios. No con nuestro dinero.
 
"El pueblo masacrado y el clero callado... Somos mayores y no tenemos prisa"
 
El bombardeo de informaciones sobre la abdicación del Papa, sobre sus causas y consecuencias, sobre la preparación del dichoso cónclave, en los informativos de televisión, está empezando a ser insufrible.
 
Estamos hablando de una excesiva, insultante,  atención a una Iglesia Católica que precisamente no presta atención alguna, al menos en las altas instancias, en los pisos de arriba, a las personas que están sufriendo, a las personas que están pasando hambre, a los ciudadanos que están siendo expulsados de sus casas, de sus vidas.
 
Hablamos de una Iglesia Católica que alardea de riqueza en sus puestas en escena, en su vestimenta, en sus bailes cardenalicios, en las tiendas de moda que rodean el Vaticano, en cuyos escaparates podemos contemplar, no sin sonrojo, los modelos de ropa más caros del mundo, o casi.
 
Hablamos de una Iglesia que para organizar sus ostentosos eventos no duda en aceptar el patrimonio de bancos (ver Los mecenas de Rouco) que han demostrado un carácter propio de El Maligno, de bancos culpables de tantas cosas... de, por ejemplo, ser receptores de miles de millones de dinero público, de ser destructores de la vida de miles de personas.
 
Y mientras todo eso es así, aquí abajo, no en el cielo de los telediarios, no en los siniestros laberintos del Vaticano, aquí, en la calle, un grupo de personas mayores, los yayoflautas, se plantan en la sede del Arzobisapado de Madrid, con la intención de presentar, de entregar, un escrito en el que critican la pasividad de la Iglesia Católica ante el sufrimiento de tantas y tantas personas. Un escrito en el que denuncian a la institución de la Iglesia por "gozar de privilegios como las subvenciones o la exención del IBI. Protestan porque consideran que "la institución religiosa no se implica mientras millones de personas no tienen trabajo o son desahuciados."
 
Llamaron a la puerta, querían ser recibidos. Recibieron una negativa insolente por respuesta. El cardenal arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE),Antonio María Rouco Varela, no quiso recibirles. No se amedrentaron, no, comenzaron a gritar "¡Vergüenza!", "Somos mayores y no tenemos prisa".
 
En la puerta, con toda la dignidad cargada en sus espaldas, leyeron su escrito, acompañado de mensajes como: "Los capos que nos rodean, mantillas y rosarios llevan"; "El pueblo masacrado y el clero callado". Entre los asistentes se encontraban muchos creyentes, cristianos de base.
 
Creo que la pregunta oportuna sería la siguiente: 
Si Jesucristo viviera aquí, ahora, ¿dónde sería más fácil que lo viésemos, vestido con sotanas de lujo, protegido, encerrado, en la sede del Arzobispado, o, quizá, acompañando a los integrantes de la PAH, para intentar impedir algún vil desahucio? 
 
 
 
 
 
 
   
 
     
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